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"The lady in the van" Nicholas Hytner

Mencioné tres películas, ahí va la segunda. 

Me encanta Maggie Smith. Tan creíble, sólida y exquisita como una orquídea de concurso.
Bien, pues, en ésta ocasión, por una serie de circunstancias, la orquídea se ha convertido en un maltrecho cactus que llega a un precioso y pijísimo barrio londinense y allí se atrinchera en su furgoneta, toda mugre y deshecho social maloliente; una indeseable mascota homeless.

Esta historia aparentemente trivial, nada más lejos de la realidad, sobrevuela horizontes tan domésticos y conocidos como la compasión mal entendida, (también llamada caridad), la indolencia, el egoísmo, el compromiso social (mejor dicho, la falta de éste), la educación, la mala educación, la ayuda (inapropiada muchas veces), la (falta de) empatía y tantos paréntesis que me va a faltar espacio.

Miss Shepherd acaba ocupando la parcela de un escritor bastante pusilánime: Alan Bennet (Alex Jennings, al que no conocía y me ha sorprendido muy gratamente), al parecer por un corto espacio de tiempo pero se quedará durante 15 años.
Durante este período, los personajes despliegan sus variopintos plumajes. La mujer y su su espléndido desdén con quienes la ayudan, o creen hacerlo, con la ley, con los convencionalismos; el escritor y su alter ego, un yo desdoblado que vive las peripecias que luego él mismo narra; una madre que inicia su particular abandono del mundo y se interna en las ciénagas de la pérdida de sí misma ...


Muchos buenos hilos conductores, muchas réplicas y contra réplicas divertidas e inteligentes (es posible) y un excelente trabajo de actores principales y secundarios (Carol Burnett aparece por ahí).

Si. Estas son las películas que hay que hacer. 





"Macbeth" Justin Kurzel


Llevo un poco de retraso cinéfilo.
No se corresponde mi adoración por las películas con el tiempo dedicado y estoy resuelta a que eso termine.
Por eso, este fin de semana he visto tres películas muy destacables.

La primera, y es de reverencia total, es este Macbeth.

Lo que sabía de esta historia era aquello de la ambición; el mal resultado que tienen las acciones guiadas por el afán de riquezas y poder. Nada, pura palabrería ignorante.
De entrada, le agradezco a esta película las enormes ganas que me ha producido de leer a Shakespeare y este drama en particular.

En cuanto a la puesta en escena, no sé por dónde empezar. Es de un horizontal majestuoso. Pasan cosas hasta en el silencio, hasta en los huecos donde aparentemente no hay nada. El color, o más bien el no color es pictórico, a la vez angustioso y bello, a la vez gélido y premonitorio.
Las figuras son, al principio, sombras desdibujadas aguantando el viento que se adivina frío e inhóspito como cuchillos de hielo. Poco a poco, los caracteres se definen y aparece un Michael Fassbender excelso, a escala humana y arquetípica, creíble y magnífico, Marion Cotillard, y esos primerísimos planos donde, al igual que sus lágrimas, brilla su talento así como todo el resto del reparto que aguantan el tirón de esos dos monstruos sin pestañear.
La banda sonora acentúa con trazo aparentemente átono el eco de un lamento: La culpa, la desdicha de no poder volver atrás cuando éramos libres y puros.
Y no perder de vista los sonidos que pueblan, como domesticados, alguna parte del relato. Sonido de amuletos en el páramo, las cuentas de los collares y las cruces sobre el corpiño, el cuchillo hendiendo la carne que se resiste a perder la vida.

El alma se manifiesta, en víscera y sangre. Las palabras me dejan sin palabras, su voz, me roba la mía.

Silencio. Respeto. Es un trabajo muy grande.



"Del revés" (Inside out) Pete Docter, Ronaldo Del Carmen


Situación: Cine superviviente de centro comercial en decadencia.
Sala medio vacía (o medio llena, según se mire). Una mayoría de niños, inexplicablemente casi todos chinos, y unos pocos adultos.
Mi percepción me susurra: "te has equivocado, chica. Por mucho Pixar que sea, es una película para niños". Etiquetando, siempre etiquetando.

Pasado el corto de rigor, da comienzo la historia.

Y, a partir de aquí, lo siento. Voy a ir del inicio al final incurriendo en spoilers, así que, si no la habéis visto, estáis avisados.


  • Primer acierto. La situación de la cámara es de lo más subjetiva pues está situada nada menos que en el interior de la mente de una niña. Incluso cuando se relaciona con otros personajes, de éstos vemos también sus mentes.
  • Segundo acierto. La originalidad de los actores. No es habitual cruzarte cara a cara con Miedo, Asco, Alegría, Tristeza o Ira. Ahí los tienes, en carne y hueso, hablando entre sí y construyendo la trama.
  • Primer fallo: La espídica Alegría, que parece ir puesta de coca hasta las cejas, es la que dirige el cotarro. Se apropia de la consola de mandos y controla todos los movimientos de Riley, la niña protagonista. Todo ha de ser feliz, risueño y todos los días han de acabar bien. Mis células Mindfullness se remueven inquietas y comienzan a murmurar por lo bajo "esto no es así" .
  • Tercer acierto: La fantástica exposición de cómo funciona la mente humana. Las islas de la percepción, el tren del pensamiento, el subconsciente, los obreros encargados de borrar recuerdos, los recuerdos esenciales, la memoria a largo plazo. Los estudios Pixar hacen gala de un  gran valor ante los retos y una sin igual capacidad de sublimación y síntesis.
  • Segundo fallo. (Aunque no tengo pruebas empíricas salvo algún comentario que oigo por detrás tipo..."no me gusta", "se ha muerto?", etc). No sé muy bien qué pensarán los pequeños espectadores de todo esto. Por ejemplo cuando, por circunstancias de la trama, Tristeza y Alegría entran en el territorio del pensamiento abstracto y se "deconstruyen", pareciendo obras cubistas o se convierten en elementos 2D, me pregunto qué entenderán mis compañeros de sala.
  • Cuarto acierto. Por fin Alegría comprende que no puede aislar a Tristeza del plano de poder ni, por cierto, a ninguna otra emoción. Son todas necesarias para que las cosas funcionen. Aunque crecer parezca una pérdida, aunque los recuerdos felices queden embotellados en burbujas en la memoria, siempre podrás construir nuevos recuerdos felices y para ello es necesario poner toda nuestra mente en juego.
  • Quinto acierto. Aunque reincido en un must de la casa. El tratamiento gráfico y acústico de todo el escenario y personajes: Texturas, sonidos, movimiento, una vez más, aplastante.
  • De premio: La escena del comedor cuando las tres mentes Padre, Madre e Hija discuten sobre el estado algo contestatario de la niña.
  • Ah, y, en los títulos de crédito, una última golosina, el funcionamiento de las mentes de perros y gatos.
Muy, muy, muy recomendable, sobre todo para mis amigos psicólogos, estudiosos de la mente y curiosos de las emociones en general.

Bravo de nuevo Pixar!

"Mr. Turner" Mike Leigh

 El artista no vive del arte. Es el arte quien vive de él.
Una vez alguien me dijo que el músico virtuoso no disfruta mientras interpreta, tal es su tensión. Yo pensaba que sí, que tocar la Patética, o cantar un Aleluya podía ser como acariciar el cielo pero no. Por lo visto, no. Ser artista conlleva perder la paz.
Esto es lo que percibo en el Turner de Timothy Spall, injustamente conocido por la mayoría como Peter Pettigrew "Colagusano" en Harry Potter.

Qué película extraña. Bella e incómoda por varias razones.
Toda la envoltura formal: Ambientación, iluminación, fotografía, localizaciones... dejan sin aliento. La elección de los actores, la caracterización de los personajes, dan un baño de realidad y atmósfera notables. Las criadas en segundo plano, los envarados lechuguinos, las conversaciones banales y enrevesadas,  que probablemente tuvieron lugar en el momento en que los pintores peleaban, como siempre, por hacerse un hueco.

Turner, dinamita la pintura "académica" escupiendo sobre sus lienzos y emborronando insolente las expectativas de la época. Llevado por su inquietud de artista, recorre acantilados buscando la luz, esa que apresa para depositarla, como un catalizador, en el lienzo y de ahí en una pared. Pintura expuesta como brecha al espacio. Abierto el muro a lo infinito.
Sus brumas, vapores, olas, navíos en la lejanía, vías de tren, horizontes y masas boscosas anuncian, con voz ronca, el impresionismo que llega a romperlo todo.

El hombre que trabaja, sufre y gruñe como una alimaña, no puede más que contener esa desdicha de transcriptor, esa pulsión por recoger en el aire los ecos de la luz y llevarla a las salas de los que puedan pagarlo. Busca el calor y no lo sabe, busca el reconocimiento y no lo reconoce.

Maravilla el color, verde y rosa, de la película. La recreación del mercado, carne expuesta y verduras, la tienda de pigmentos donde el artista se abastece, los rincones de las estancias, las esquinas de las calles, el puerto, la Academia...

Sobre todo, destaca la humanidad, la realidad del personaje que se siente amenazado por la llegada del daguerrotipo, cuando el mundo se interpretará en blanco y negro ("dios quiera que no llegue el color"). Una historia como escamas, aparentemente superficial, aparentemente inconexa, que lleva cosido el desasosiego en todos sus pliegues. El artista amenazado, sin paz, inmerso en la incertidumbre y esclavitud de su instinto.








"The fall" Tarsem Singh


¿Porqué vemos unas y no otras películas?
¿Qué hace que alguien nos recomiende especialmente ésa?
¿Cual es el azar que guía de forma precisa ese itinerario de historias que nos configuran, que nos conmueven, que nos hacen ser quienes somos?
¿Porqué los que, como yo misma, somos implacables con determinadas propuestas
nos mostramos tan benévolos con otras?

Yo veo películas, no cine.
Yo miro historias, no recreaciones.
Me dejo llevar, si me llevan. 
Entro, si me seducen.
Y una vez ahí, me disuelvo en la ficción.
Y me lo creo todo.

Esta película cayó en mis manos, pues, no por azar.
Y quien me la recomendó ha demostrado conocerme bien.

. . .

Siempre hablo de minimalismo en las propuestas, ese buen oficio aparentemente "invisible" que relata casi en silencio. Lo idóneo es, para mí, lo complementario, lo equilibrado, lo coral.

Pues en esta ocasión me seduce justamente lo contrario. Cada uno de los aspectos del film es monumental, majestuoso, grandilocuente, opulento, mayúsculo y, lo mejor de todo, arrancan de una historia pequeña, original.
Dos protagonistas: Una niña y un joven actor. Ambos convalecientes en un hospital. Ambos enormes en sus respectivas interpretaciones. Voz y gesto. Muy destacable la unión de ambos, aparentemente envueltos en un velo precioso que los une.
Inciertos años del cine mudo. Escenarios de buena iluminación y pulcras enfermeras. Bien la parte "real". Fantástica la historia dentro de la película, el relato que el joven hace a la niña. Una ráfaga onírica de personajes secuestrados del entorno y llevados al sueño con nuevos roles y aspectos.
Las imágenes se suceden de uno a otro asombro. La mirada estética se recrea en escenarios insospechados y hermosos subrayados siempre por una música, a su vez, de enorme protagonismo.

Cada escena es una coreografía de telas, vientos y colores. La postura de los cuerpos, en impecable escorzo, el impacto de una composición altamente pictórica, la riqueza y variedad de las localizaciones, el humor de los acentos... 

Recomendada para amantes de lo visual, de lo bello, practicantes de los sentidos, buscadores de grandes historias y a mis no tan casuales compañeros de viaje. 

Lo único que no veo a la altura es el cartel.
Por eso adjunto algunas imágenes.



 etc, etc, etc.



"Another Year" Mike Leigh


Escuchad mis dedos crujiendo mientras los retuerzo para romper el hielo y desempolvar el relato de mis humildes observaciones cinematográficas.

Hay películas que mantienen mi historia de amor con la Dos. 
Hay películas que le perdonan la vida al televisor del salón, ya, de por sí, bastante pequeño y poco respetado.

"Another year" es como un trozo de una película. Es una sección de vidas que se cruzan en instantes anodinos o importantes sin que sepamos exactamente cual es la diferencia.

Lo primero que me gusta es lo atípico de los personajes. Aparentemente anodinos, mínimos, en gris. Gente madura o joven que no parece ir a ninguna parte y que no hace un número de ello.

A continuación, me deja con la boca abierta la actuación fugaz (creo que la intervención mas exigua de la historia de las películas) de Imelda Stauton, uno de mis Iconos Femeninos. Unos escasos tres minutos que componen un alarde interpretativo donde el silencio "pesa" como plomo y el rictus de "para qué hablar" es tan expresivo como una bomba atómica.

Después la historia se desmadeja como un ovillo de lana usada demasiadas veces. Y hay tristezas absurdas y entrañable abandono. Gente que vive su vida sin apenas arañar el aire. Cocinando. Bebiendo vino y hablando, quizá, demasiado.

Hacía tiempo que una película no me gustaba lo suficiente como para hablar de ella. Quizá ver películas casa mal con estos tiempos de proyectos y trabajos amontonados. 
Pero ahí estaba ésta. Esta película en particular. Para decirme que soy una tonta y que nunca debí marcharme. Y que vuelva a la habitación oscura donde viven todas las historias, las grandes y las pequeñas.

Película que recomiendo. Que regalo.



Talento en blanco y negro


Una vez más El Festival La Cabina, La Biblioteca Pública de Valencia y Rivendel Restobar organizan conjuntamente la sesión La Cabina Classics. La fórmula consiste en proyectar un mediometraje mudo acompañado de música en directo. Este viernes, turno para Buster Keaton.


Una simple sábana sujeta en el arco de la entrada de la Biblioteca. Unas sillas metálicas. Un chelo, un piano eléctrico y una trompeta. El viento de la tarde. Gente relajada, algunos niños. La decreciente luz del viernes que se escapa.

Se apagan los sonidos y la música en directo comienza.

La pantalla inicia el camino de la historia y te metes, te metes...

Cada vez que veo alguna película de casi cien años me sorprende la cantidad de cosas que se podían conseguir con "tan pocos medios". Las risas, la chispa, la magia, la ternura, la limpieza, la sorpresa, la belleza.
Será cine sin palabras. Pero de mudo no tiene nada.



"Blue Jasmine" Woody Allen



Él: "¿ No vas a hacer una reseña de Blue Jasmine en tu blog?"
Yo: "Es que no me sugirió nada..."
Él: "Hija, eres demoledora."


(No siempre lo consigues conmigo, Woody.)

Películas, películas, películas

Cual es el criterio para organizar una estantería o mueble o espacio donde almacenas tus pelis?
Y yo no tengo muchas comparada con la Gran Acaparadora que es mi madre.
Pero supongamos que quiero ordenarlas. Como es el caso.

1.-Por órden cronológico. Si, pero cual:
El de la fecha de su edición? La fecha de su adquisición? La fecha en que la vi por primera vez?

2.-Por estilo...
Y dónde meto "Poetry", "Historias mínimas", "Le Ballon rouge", "Qué tienes debajo del sombrero" o, incluso, "La noche del cazador"?

3.-Entonces debería hacerlo por nacionalidad... Qué incorrección. Me parece simplista. Nada sutil.

4.-Y por estilos?
Ver punto 2

Decididamente, el problema está en buscar un criterio objetivo cuando, en realidad, las películas que atesoras responden a motivaciones endiabladamente difusas, arbitrarias y, diría, románticas.
Las películas que posees y, por supuesto las que quisieras poseer, hablan, básicamente, de tí. De quien eres, a quién te gustaría parecerte o quién quisieras ser...

Así pues, la estantería se divide, desde ahora, en momentos de visionado o sensación producida.

Hay tramos de pelis para ver cuando estoy constipada o, simplemente, triste. Películas de día pijama. Pelis bonitaspreciosas para sentirme feliz. Hay blanco y negro porque me fascina. Hay las de juicios con las que me siento parte de la trama. Hay películas para superar una tarde de domingo que quisieras que no acabase nunca. Otras que se han de ver de tres en tres, porque una trilogía como esa no se puede ver por separado. Películas para jugar a ser otros, para inspirarte, para llorar sin límites, para abrir ventanas o puertas o túneles o agujeros negros. 
Tantas y tantas.
Podría decir cien, mil. Cada una con su correspondiente sensación, momento, uso, pautas, posología e indicaciones. Incluso con sus efectos secundarios.

Os dejo.

He pensado que me marcho a comprar "Master and Commander", que no la tengo y me encanta.

"El útimo concierto" Yaron Zilberman


Solo por algunas escenas, interpretadas con autenticidad extraordinaria, solo por determinadas anécdotas e historias pequeñas y grandes a la vez, solo por esas lágrimas, apenas contenidas o el golpe de violencia que sorprende, solo por esas imágenes quietas de nieve cayendo con elegancia, mientras la vida se atropella, solo por asistir al declive de dioses en decadencia que miran con pena el progresivo desafinarse de sus maravillosos violines, solo por dejarte atrapar, una vez mas, por la  mirada  de Philip Seymour Hoffman, por el carisma y dignidad de Christopher Walken, solo por eso, de nuevo, volvería a ver esta película.

"Los cuentos de Tokio" Yasujiro Ozu


1953  En España veía la luz "Bienvenido Mr. Marshall" (Es por ubicarnos)

Japón. Tokio. Escenas como láminas en blanco y negro. Lenguaje de cámara estático que parece respetar el movimiento de los seres. Un niño que cruza, fugazmente, la escena encuadrada en el marco de la puerta. Los paneles corredizos que dan al patio de atrás. Una mujer que ordena la casa. Se arrodilla y dobla unos pañuelos blancos. Un anciano se abanica. El y su esposa hablan, quedamente.

Como el estribillo de una canción, a cada tramo de la historia, un tren cruza los tejados apiñados de la ciudad, un barco se desplaza lentamente por el pedazo de mar entrevisto.

Y volvemos a los interiores domésticos. Hogares donde no hay espacio para los ancianos. Los padres van de una casa a otra, de un hijo a otro. Son todos muy amables. Están todos muy ocupados con sus respectivos trabajos. Ninguno tiene tiempo para ellos.

Una historia cualquiera. De allí y de aquí.
Un trozo de vida contado con palabras modestas y extraordinarias. 
Espacio para el silencio. Para la nada. Para lo que viene y se va. Para el vacío que nos queda.

Un proyecto mas para septiembre:
Ver la filmografía de este director que me ha enamorado.

"La mejor oferta" Giuseppe Tornatore


Nada mas empezar esta película ya se que va a ser todo perfecto.
Los escenarios, una espectacular secuencia de planos en cuidadísimos entornos, villas decrépitas, salones bellísimos, restaurantes de élite y una ciudad no reconocible pero elegante y adecuada. Obras de arte por doquier, elegidos muebles de estilos varios, personajes pensados al milímetro, atrezzo cum laude y detalle cuidado con microscopio.
Una previsible perfección.

Los protagonistas de esta historia tienen sus respectivos roles bien delimitados. Incluso la evolución que se desata en la trama, cuando interactúan entre sí, cuando sus trayectorias de libro se cruzan y contaminan y se descarrilan (siempre dentro de un límite) sus compulsiones, fobias, obsesiones...
Una previsible perfección.

La historia, aparentemente cuajada de intriga y enigmas, se despliega como los élitros de una gigante mariposa autómata. Elegante, suntuosa, falsa.
Una falsificación perfecta.

Todo el tiempo pienso en los best sellers que, desde hace algunos años, abastecen los kioskos de prensa en los aeropuertos. Esos libros que imagino escritos con un programa estadístico que combina elementos previstos para el entretenimiento y la evasión y proporcionan un momentáneo placer. Una distracción absolutamente prescindible que se disuelve, una vez consumida, en humo ligero y que olvidamos, casi, al instante.

No. La verdad es que no disfruté. La música empalagosa de Ennio Morricone no ayudó. El rostro permanentemente agobiado de un capitán Barbosa sin ironía no ayudó. Los personajes totalmente falsos y los giros de guión artificiosos y, sobre todo la sensación de truco constante, no ayudaron. Me dejaron totalmente fría.

Solo destaco dos cosas, dos voces a decir verdad,(lógicamente en la Versión Original):
La de la protagonista Sylvia Hoeks, absolutamente angustiada hasta el grito y cuya prometedora actuación desaparece en cuanto la ves en escena y la envolvente, gigante y densísima voz de Sutherland que, esa sí, recordaré por mucho tiempo.







"12" Nikita Mikhalkov


En realidad yo quería alquilar "La herencia del viento" de Stanley Kramer. O sea, me apetecía ver una peli "de juicios" que me encantan. Y me habían recomendado ésta en particular. Pero no la encontré.

En el videoclub donde nos abastecemos, después de haber comprobado que habíamos visto (cómo no!) la impagable "12 hombres sin piedad",  nos recomendaron "12" que es una versión libre (y rusa) de la anterior.

Y esta es la forma en la que llegué a este "peliculón" largo, prolijo, grandilocuente y, por decirlo en una palabra: Descomunal.

La escena se mueve en tres escenarios que se van intercalando entre sí. El principal, un gimnasio donde se reúne el jurado. Segundo, la celda donde permanece a la espera del veredicto el joven checheno que es acusado de asesinato. Y, en tercer lugar, el exterior, donde van y vienen las ráfagas de la guerra.
Cada escenario tiene un lenguaje narrativo y cinematográfico. 
En el gimnasio, como un enorme teatro, cada personaje desarrolla una historia y es tan rico y variado su trabajo que te parece estar viendo películas distintas en función de quien relata su experiencia.
En la celda, el rostro y la actitud corporal del acusado muestran una actitud de aceptación demoledora de aquel que ya lo ha perdido todo desde hace tanto tiempo que ni se permite albergar la esperanza.
En la guerra, escenas de escaramuzas relatadas con belleza extrema, con estremecedor detalle, se mezclan personas y roles: El soldado que baila una danza autóctona, el campesino que empuña, con mano torpe, un arma.

Y entre todo ese tremendo aluvión de testimonios, escenarios, expresiones de "lo ruso", unas pocas tomas humildes, diríase con lupa. Cercanas y simples. Las de un pajarillo que se cuela en el gimnasio y se detiene ante ellos, como el símbolo de la pausa, la observación minuciosa de los detalles. De la atención que precisa el acusado para que alguien mire de cerca su caso. Para que alguien se digne darle una oportunidad y salga del vértigo de la guerra y entre en el plano corto de la existencia.

"Un amigo para Frank" Jake Schreier


Precioso bosque. Elegante anciano jovial dando un paseo. Nada aparentemente fuera de lo normal.
Aparece un cochecillo extraño. Nos da la pista de que estamos a las puertas del futuro inmediato y, por determinadas señales, también sabemos que ronda un secuestrador llamado Sr. Alzheimer .

Como actualmente en muchos casos, en ese vecino tiempo, los hijos, si pueden, resolverán la cuestión con dinero. Es fácil. Un pequeño robot sanitario, adorable  por cierto, que impondrá una serie de actividades y hábitos saludables al rebelde e independiente Frank.

Cómo dotamos de "sentimientos" a los objetos por el simple hecho de compartir con ellos nuestros recuerdos y anhelos...
Cómo necesitamos la ilusión para vivir y salir de nuestras sucesivas cárceles de rutina y decadencia...
Cómo un proyecto absurdo puede poner en funcionamiento nuestras habilidades y mantener en la superficie todo nuestro potencial alerta, a punto. El ingenio, la vitalidad, el espíritu de lucha...
El pequeño amigo de Frank, de alguna forma comprende, gracias a un sofisticadísimo softward, que Frank necesita eso: Proyecto para salir de su abatimiento. Y, al menos durante un tiempo, le proporciona las herramientas para ello. Se convierte en su cómplice. No diré mas al respecto.

Frank Langella, desliza una "no actuación" que es lo mejor de la película. Elegante, creíble, digno. Establece una relación tan plausible con el robot que la historia nos parece algo que puede ocurrir en unos pocos años en la casa de al lado.
Me gusta su cara de perplejidad con los "nuevos tiempos", en que las bibliotecas se vaciarán de libros para convertirse en "espacio de experiencia". Sentado en un sillón ultramoderno, ve cómo, en actividad frenética, se desmantela a su alrededor todo lo conocido, asombrado, perdido, dejado a un lado: "Frank, eres tan retro que resultas ultramoderno".

Amable película... quizá.
El mensaje... no tanto. 
No salimos demasiado bien parados.







"Searching for Sugar man" Malik Bendjelloul


Cuando una historia se hace ver en tantos y tan diferentes niveles ya vale la pena.
Cuando una película impacta tus ojos, estimula tus oídos, tu sentido estético y de la búsqueda, toca tu alma o, bueno, tu corazón, es imprescindible.

Lamentablemente, es poco lo que puedo decir sin desvelar el caudal interior de la historia. Porque lo mas bello es cómo se va revelando, cómo un escenario inicial de miseria deja entrever vivencias de valor incalculable...

Un hombre que construye muros, un músico que los rompe. Y ambos son la misma persona.
Sinceramente, creo que necesitamos mas gente así.


"I'm A Cyborg, But That's Ok" Park Chan-wook


Si en un mismo lugar habita la poesía, lo absurdo, lo íntimo y lo transversal. Si en un reducido espacio puede convivir sorpresa y aburrimiento, atmósfera y volencia. Si todas las contradicciones posibles pueden, además, ofrecer una experiencia rara y cercana a la vez, es en el corazón electrónico de este cyborg, trasunto de la anorexia, la búsqueda y el deseo de trascendencia visto desde unos ojos oblicuos.

Mucho pero, me temo, que para para pocos.
(Quizá solo para cyborgs).

"Historias mínimas" Carlos Sorín


Las razones por las que llego a determinadas películas son tan aleatorias o casuales que no vale la pena detenerse en ellas. Al menos, hoy no. Lo que si es importante es que la casualidad y lo aleatorio algunas veces conectan con las propias inclinaciones de una forma tan certera que se diría que una mano oculta  las dirige hacia el centro del corazón.

Por tanto ahorro mencionar, por ahora, las razones que me llevaron a esta (u otra) película.



Lo primero que veo es una línea horizontal. Una división cromática perfecta entre el arena y el azul que me acompañará todo el tiempo que dure esta mínima historia. Tan grande como solo lo mínimo puede llegar a ser. Que es mucho.

Este azul-arena horizontal y eterno actúa como fondo para diminutas figuras aparentemente oscuras, aparentemente anónimas, pobres, sin importancia. Tan solo cuando nos asomamos a sus ojos, encontramos esas historias llamadas mínimas que, en su relato, nos hacen recorrer un camino infinito. 

"Acción","ritmo", "trama" se diluyen en este escenario que es un personaje mas.
La Soledad, el Viento, son otros tantos actores con su discurso personal y grandioso. Los humanos, sus pequeñas vidas, sus trayectorias entrecruzadas y sus motivaciones parecen tomar un especial relieve, aunque sutil, en esta historia de vidas aparentemente sin importancia.

Y por eso, por la falta de grandilocuencia, de recursos, de subrayados cinematográficos, al menos no aquellos evidentes, estas vidas, o mejor, gestos, proyectan un destello luminoso y sutil de ecos insospechados. Porque en los cruces entre ellos, la música del acordeón en la cena improvisada, la humilde cama ofrecida, la dignísima expresión de Malacara, el perro que pedía explicaciones, la abuela primorosa de uñas despintadas que arregló una tarta para un desconocido, y todas las pequeñas aventuras relatadas minuciosamente con verbo sutil y humilde, alcanzan una proyección larga y permanente en los espectadores.
Asombrados, unimos horizonte y vidas en una larga línea que arranca en nuestras almas y se pierde en la distancia.

Sencillamente hermosa. Hermosamente sencilla.



"Tesis sobre un homicidio" Hernán A. Golfrid


Si tenéis decidido verla, por favor, no sigáis leyendo.
Y, consciente de que con esto lo he dicho todo, perdonadme, debo justificar porqué.

Razones para no ir a ver "Tesis sobre un homicidio"

1- Porque es pretenciosa y, lo que es peor, decepciona casi desde el principio porque casi desde el principio sabes quién ha sido el asesino.

2- Porque una de las razones que tienes para ir a verla es que te han dicho que es la siguiente a "El secreto de sus ojos" y tú te lo has creído y es mentira.
(Campanella ha dirigido "Luna de Avellaneda", "El hijo de la novia", "El mismo amor la misma lluvia" y qué narices ha hecho este Golfrid?)

3- Porque, a pesar de que Darín siempre enamora a la cámara, aquí acabas harto de contarle los poros, los pelitos de la nariz y tratar de averiguar si se ha hecho una oftalmoplastia porque le ves como mas aliviados los párpados.

4- Porque los actores (?) secundarios lo hacen fatal. Sobre todo el tal Amman que me gustó bastante en "Celda 211", hace una actuación tan plana, tan mediocre que, prácticamente, desaparece cuando el otro anda cerca. 

5- Porque un poco de lenguaje de cámara algo evidente no está mal, es una firma de estilo, pero no puedes contar una historia con la cámara pegada al protagonista, en inclementes y mareantes primeros planos e impostar de esa forma la visión "psicológica" con todos esos encuadres "artísticos" detrás de cristales, a través de espejos, entre estructuras, bajo el agua, flotando en flou, siempre bailando esa cámara alrededor, alrededor, alrededor...
Eso cansa. Al principio sorprende pero, a la larga, cansa.


6- Porque el acento pseudoargentino de Amman te pone los pelos de punta...

7- Porque nunca sabremos lo que escribió en su famosa tesis. 

8- Porque la trama deja tantos cabos sueltos que no sabes por donde amarrar la historia y el final... bueno el final es otra razón en sí mismo.

9- El final es una huida donde se demuestra que allí nadie sabía cómo terminar la película.


y 10- Porque 8,5 € por ver una peli pican si la peli no te da lo que te prometió.






"Las sesiones" Ben Lewin


Me temo que el único adjetivo que me viene a la mente después de ver "Las sesiones" es el insulso y siempre escaso en matices: amable.

Al parecer se basa en una historia real y va de un hombre completamente inmovilizado por la polio que desea debutar en los lances amorosos, pues, a sus casi cuarenta años, es virgen. Por lo complicado del caso y, en vista de que no encuentra una pareja "normal", contrata los servicios de una terapeuta sexual, oficio que, para nada, tiene que ver con el de la prostituta de toda la vida.

Entonces aparece Helen Hunt y establecen sus rutinas amatorias empezando por los preliminares. 

Si, ya se que, contado así, tiene su gracia. Pero, la verdad, es que la cinta no pasa de ser una superficial mirada sobre lo que puede resultar un asunto bastante angustioso y crucial para determinadas personas (sean estas tetrapléjicas o no, por cierto).

Lo que mas me gusta de la película son las conversaciones del protagonista con un sacerdote, el magnífico William H. Macy, al que ya admiro desde "Fargo", por la perspicacia que muestra al  elegir sus personajes y por lo eficaz que siempre resulta. En estas charlas el "aprendiz" relata sus incursiones en los campos amatorios y el atribulado sacerdote, a pesar de ir contra "las normas", no puede prohibir estas prácticas. Dividido entre la compasión y el pudor, articula una cierta complicidad que es lo mejor de todo. 
Aparte de esto, de recordarme que tengo que volver a ver Fargo, seguramente, en tres o cuatro días la habré desterrado a la parte invisible de mis recuerdos cinematográficos.



"The master" Paul Thomas Anderson

Buen inicio. Escenas sugeridas de la guerra de Corea. Demencia y extravío en rostros y actitudes. Una estela de espuma tras el barco que se aleja.
Joaquin Pohenix ya no tiene que demostrar nada y, sin embargo, incrusta un personaje incómodo y siempre incierto en nuestra retina.  Philip Seymour Hoffman parece llenar la pantalla y se apodera de tu mente con su labia y sus ojos líquidos que saben expresar todas las humanas pasiones. Amy Adams parece querer decir con su actuación absolutamente creíble que no es solo una chica, que puede hacer de mujer dominante y poderosa.

Hay conversaciones como retazos de luz o se revelan sombras y obsesiones de manera brutal. Hay una puesta en escena preciosista que pasa casi desapercibida por el alud de diálogos y cambios de registro en la historia.

Yo vi una de esas películas con las que otro director hubiera podido realizar tres. Tan múltiple, tan densa que te deja un poco de lado. Intentando entrar a cada momento, pero, en definitiva, fuera.  

Pregunta mas escuchada al final:
"Pero... tú la has entendido?"