Mostrando entradas con la etiqueta MINDFULLNESS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta MINDFULLNESS. Mostrar todas las entradas

No es buen año para las jacarandas

Otras veces me sorprende su llegada. 
La ola púrpura que inunda las avenidas.

Este año, en extremo cálido, en extremo seco,
extremo
las jacarandas no saben si vienen
si van, 
no saben.

Como el árbol, entreverado de verde y flor
y esos extraños frutos como crótalos
que parecen crujir con el viento
y contaminan la poética rama, 
así vivo dividida y ambivalente.
De un lado la belleza, la alegría de poder despertar,
de otro mirar en playas sin fin a los desterrados
o en aquél país, ya no tan lejano,
a los perros aterrorizados en cruento festín.

Vivo en un mundo que hace música con cuencos
y maravillas de cristal
y al mismo tiempo mata, con su basura,
a miles de tortugas en silencio.

Cómo mantener la rama púrpura?
Si caen, como alfombra, las flores
antes, incluso, de ser admiradas?

La ambivalencia de la jacaranda.
Es así. Pero qué más hay?
Me pregunto
una y otra vez.

La herramienta adecuada


 Se llama suribachi. Es un mortero japonés.


 La superficie estriada de su cara interior
permite triturar semillas como el sésamo que, de otra forma, no serían
asimiladas en la digestión.

El relieve retiene la semilla y permite que el mango o surikogi rompa la cáscara.
De esta forma, se liberan los aromas del producto.

Los morteros occidentales no ofrecen esta característica. 
Utilizarían la fuerza del golpe para aplastar y deshacer el grano.

Con el relieve, (la herramienta, la superficie, el ambiente adecuado),
las semillas, sin violencia, ofrecen su aroma.
Solamente hace falta observar con calma
qué necesitan.







Los límites de mi territorio

 Mi territorio limita al Norte con las nubes y las copas de los árboles.
Surcan su vastedad kamikaces golondrinas en busca del aterrizaje perfecto
y mirlos que, en su canto, parecen hallar el éxtasis de vivir.
Bailan las hojas, en brillos y opacos, una danza de música interna
y el viento me trae perfumes de lejanía.
 Mi límite al Sur es la Tierra. 
Y su enjambre de raíces y hierbas. 
Habitada por pequeños seres reptantes y laboriosos. 
Los nudos de los troncos ahondando lo profundo
y las diminutas especies de líquen 
que abrazan el suelo.
 Si miro alrededor veo verde.
Si arriba, azul.
Al este y al oeste agua, montes bajos, distancia.
Soy planeta. Soy cosmos.

Soy pequeña y grande a la vez.

Mis límites no son fronteras.
Son caminos.

¿Qué eres ahora?


 Me preguntas "y ¿qué eres ahora?"
y no sé qué contestar.
Más que un estado quizá una actitud:
La búsqueda,
el tránsito,
la impermanencia.

Y qué busco ser?
Espacio, vacío, agua.

Para que viva lo nuevo;
para que respire y fluya
y crezca.

Generar oportunidad 
para el crecimiento
y el aprendizaje.


Des Hacerse

 Período intermedio entre proyectos.
Paréntesis. Silencio. Distancia.
Tiempo para des hacerse.
Para partir de cero.
Parece peligroso.
Parece arriesgado.
¿Y si un día lo necesito?
Es, más bien un: ¿No me sentiré sola sin mis recuerdos?

Pero, ¿Quién necesita símbolos donde hay sensaciones?
¿Quién necesita el libro donde aprendió las letras,
si ya sabe leer cualquier libro?
Si ya no necesita leer para decir cosas importantes.

Para mí es terapia.
Aligerar, vaciar, crear espacio.

Para lo nuevo,
para lo que soy ahora.

La habitación oscura


Me interesó la historia. Era mas o menos la de varios personajes con vidas azarosas,  que se reúnen en una habitación para alejarse de un mundo en crisis galopante, un lugar donde sentirse lejos de todo. A salvo.
Es "La habitación oscura" de Isaac Rosa, en mi lista de próximas lecturas.

Pero esa habitación oscura, me trae a la mente otro lugar. El que ocupo cuando medito: 
La Habitación Luminosa.

Un lugar blanco. Iluminado. Sin sombras proyectadas. Sin interpretaciones ni juicio. Un lugar donde, sencillamente, te das cuenta. Un lugar donde, simplemente, puedes ser.
Entro sin prejuicio. En blanco. Miro los objetos de mi mente sin analizar porqué están ahí, sin centrarme en ninguno en particular, sin valorar si son buenos o malos. 
Entran y salen y yo permanezco.
Respiro y permanezco.

El cuenco tibetano

Cómo ella me mostró la pequeña bolsa de tela 
con el bello estampado de árboles.

Cómo dejó, con manos cuidadosas,
el cuenco sobre un almohadón 
frente a ella.

Cómo inició
una sucesión de palabras
que entraban como una suave cascada
en nuestras mentes.

Cómo hizo brotar el dulce sonido
que se prolongó durante mucho tiempo
sorprendiéndonos 
con su hondura y persistencia.

Precisión.
Apertura.
Suavidad.