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El poder terapéutico de la orquídea


 Indicaciones: Estados carenciales de ilusión, alegría o calma. Enfriamiento y astenia.  Bloqueo o concentración deficitaria debida a un exceso de actividad mental.


Posología: Adminístrese por vía amigo/a en forma de regalo inesperado. Instálese en lugar protagonista de la vivienda y obsérvese regularmente durante los días que dure el tratamiento prescrito.


Acción: La correcta administración del fármaco logra efectos inmediatos sobre la percepción y el estímulo vital. A corto y largo plazo, mejora las defensas y potencia la energía.


Efectos secundarios adversos y contraindicaciones: No se conocen.


Precauciones en cuanto a su administración: La Orquídea no está contraindicada en mujeres embarazadas, niños, adultos o personas en edades avanzadas. Su uso es inocuo y permite el consumo de alcohol mientras tiene lugar el tratamiento.

Gracias, Amiga, por tu Regalo.

Protocolo "Oasis"

Era un día como el desierto. Lento y pesado como un manto de plomo.

Quizá  responsables fueron aquellas fotos rescatadas. Ellos, niños. De pie sobre rocas. Solitarios y asalvajados pioneros en una playa que, por remota, era casi suya.
Quizá responsable fuera el nuevo capítulo en la pérdida: La amiga que se internaba en un aciago bosque de paranoia.
Quizá los minúsculos sinsabores que, otro día, eran invisibles: Llamadas no respondidas, esfuerzo no valorado y todo eso que hacía que los demás le dijeran "no todo el mundo es como tú".
(Es bien cierto y, además, afortunadamente, no todo el mundo es como yo).

Pues ahí estaba ella tirando de su pesado manto, envuelta en madejas de cuerda, cuando alguien le habló de un "protocolo para las malas noticias".

Casi lo sintió caer, con ruido sordo, el manto a su espalda. Como pudo, se desembarazó de las redes y corrió, sabiendo al instante qué hacer, hacia el patio en la parte de atrás.

Allí donde los ficus y los helechos. Las crasas, la alocasia de hojas como orejas de elefante, las capuchinas y el airoso adiantum.
Su protocolo era construir un Oasis.

Acercó, como pudo, todas las plantas. Los maceteros enormes pesaban pero los arrastró, descolgó las que, suspendidas en el cañizo, dejan caer su melena verde en la sombra y trajo también los pequeños manojos de cintas y hojitas carnosas.
Una vez reunida esa multitud vegetal, desenroscó la manguera y, sin miramientos, descargó un rocío ligero y brillante, átomos de agua que, en seguida, cubrieron las hojas de minúsculos espejos que multiplicaron en cien, en mil los matices de verde.
Ese era su protocolo "Oasis". En ese momento lo supo, perdida la mirada y los sentidos en el húmedo paisaje, en el aroma de la tierra y las hojas mojadas, en la contemplación de los brillos y el terciopelo...

Un momento como una isla. Para mover los brazos como alas, para que respire el corazón y acabe el ahogo. 
Protocolo "Oasis" para días como desiertos.





Gracias Celia, por hablarme de los protocolos.

Gipsofila y Paniculata

 Gipsofila y Paniculata.
Flores de acompañamiento.

Utilizadas  como
lecho para aristocráticas rosas
o frágiles peonías.

Si las miras, solas,
en su esplendor sutil de mutitud,
malva o blanco,
fucsia o fresa,
se vuelven protagonistas indiscutibles
en un ramo que celebra la primavera.

Un eco de campo.
Silvestre y humilde
y al tiempo 
imperioso,
de voces que reclaman su presencia.



Improvisado bonsai...

... o inexperto ikebana.

En cualquier caso,
hiedra, cuenco, piedrecitas, agua y conchas,
es precioso.



(Consigo, de este modo, lo que me fascina de los bonsais: composición, detalle, belleza
y dejo fuera lo que no me gusta: intervención, mutilación y prepotencia)

Mañanas


 hay gotitas de agua verde,


ramitas y madera seca,


flores en el suelo como una alfombra amarilla.


si miro arriba, está el cielo
que se despereza,


a la altura de mis rodillas, Tibet sonríe


camina a mi lado



y pisa con enormes patas de velociraptor
las pequeñas setas.


los patos nos ignoran
mientras pasamos junto a ellos.



Glorioso zafarrancho

Me encanta ir a los viveros, pasear entre las muchas formas de hojas, tallos, portes y crecimientos, elegir con cuidado aquellos que mejor se adapten al microclima de mi casa, estudiar el lugar, la luz, la temperatura y adaptar así modos de vida y paisajes diminutos.
Esta vez ha sido una renovación de macetas. Al mismo tiempo he recopilado especies y familias. 
Suculentas, aromáticas, trepadoras, cactus, hiedras... y las que, por su furioso crecer, no pueden mas que vivir a solas.
Me encanta enterrar las manos en la tierra, apoyar tiernos tallos con tutores de mimbre y suspender, en alto, las ramas para que el sol abra flores en todas partes.
Después, días mas tarde, voy comprobando avances. ¿Me equivoqué? Pues rectifico. ¿Es vuestro lugar? Pues bienvenidas, amigas. 
Devolvedme el favor con vuestro abrazo verde que no me canso de mirar.


Bienvenue chez moi, Madame Buganvilla

(Una perfecta mañana de domingo)

Hoy ha venido a vivir con nosotros una nueva invitada. 
Hemos ido a buscarla al lugar donde viven las plantas cuando aún no tienen casa. 





Paseábamos entre hibiscus de flores asombrosas, suculentas de hojas esculturales, 
tímidas mimosas, rosales estirados, impacientes prímulas, palmeras egocéntricas 
y frutales medio desnudos... 

Pero buscábamos a Madame Buganvilla y ella nos esperaba con un peinado florido y elegante, 
en lo alto del esbelto tallo. 
Una nube fuxia que, al instante, imaginé en la ventana de nuestro dormitorio.

Al llegar a casa, me alivió comprobar que sus futuras compañeras verdes la recibieron con una cortés bienvenida, si bien no demasiado cálida.
La azalea engalanada y la fugaz flor de cactus, así como las hojas de aspidistra  que apenas apartaron la vista de su hogar acuático.



En un rato, Madame Bouganvilla se instaló en su nueva residencia. 
Soleada y amplia.

Mira la calle desde nuestra ventana. 
Y yo estoy deseando verla desde fuera.

De momento, solo contemplar el fulgor del fuxia envoltorio de sus diminutas flores,
me llena de una inexplicable alegría.



Orégano natural




El amor por los amigos verdes acerca.
Una de mis compañeras de tai chi, que se ha revelado como experta jardinera, (cultiva peonias, entre otras maravillas), me ha hecho este regalo que agradezco muchísimo.
Es orégano natural, cortado este fin de semana en su huerto.

Debo secarlo a la sombra. Y, una vez perdida la humedad, conservar flores y hojitas desechando los tallos. Guardar en un bote hermético y nada más. 

Desde ahora mi pasta tendrá un sabor especial. Y yo, una amiga mas. 
Cada vez que huela el orégano pensaré en ella.

Silvestre


Las encontré ayer, durante un paseo por el río.
Podría parecer  la obra de una mano negligente esparciendo semillas de muchas clases
y, sin embargo, el conjunto de todos aquellos colores y formas
sobre el fondo verde tenía una belleza silvestre que me dejó sin palabras.
Pensé, si tuviera un jardín, sería exactamente así:




Comida Limpia




Cuando nuestro padre se jubiló, descubrió, con enorme asombro, que su mayor pasión era cultivar su pequeño huerto frente a la casa.
Siempre lo recordamos inclinado sobre una diminuta mata de judías, tomates o humilde lechuga, intensamente concentrado, tratando de deducir, por el estado de las hojas, si sulfatar, regar, o hacer cualquier otra cosa que la plantita necesitara...
Su única queja con la vida era la falta de tiempo para hacer todas las cosas que un hombre de campo necesita hacer.
Y pasaba el día mirando, alternativamente, al suelo para contemplar la marcha de su siembra y al cielo, su segunda pasión, para ver llegar el tipo de nubes que traerían, quizá, la lluvia.

Pues bien, esa pasión por el cultivo la ha heredado la mayor de mis hermanas. Y, así como yo siempre llevo en el bolso algún ovillo y agujas, ella llena sus bolsillos de pequeños esquejes que recolecta por ahí, sobrecitos de semillas, cordeles para atar alguna trepadora o recortes de revistas de jardinería.
Para el resto de nosotros es una gran cosa. Llegar el domingo y acudir a las matas de las fresas y comer, directamente de la planta, y calientes del sol de mediodía, los pequeños tesoros de aroma inconfundible.

Ayer me traje esta lechuga de aspecto apetitoso.
Una pena no haber podido fotografiar al gusanito color pistacho camuflado entre sus hojas limpias sin una pizca de insecticida ni cualquer otra química. 

Es, amigos, nada mas que Comida Limpia.

Las alegrías que me dan mis cactus




Parece mentira que de esos tallos erizados de pinchos pueda nacer esa belleza frágil que dura apenas un día.
Pero ese día, visito la ventana tantas veces como puedo.

Experimento







En casa les llamamos "sombrillitas", es una especie de palmerita de tallo largo y hojas formando estrella en lo alto. Normalmente crecen junto al agua.
Un traslado obligatorio me hace buscarles una nueva casa. Voy a intentar que sean mis nuevas inquilinas verdes.

Les he preparado una habitación de cristal, agua y piedrecitas de playa. Y mucha luz en un espacio blanco.
Ya os contaré cómo se aclimatan.